
Nosotras Que Somos Tan Civilas, queremos dar las gracias desde aquí a todos esos héroes anónimos que, con sus pequeños gestos, vengan la conciencia de millones de ciudadanos. Tal como hizo aquel señor que, tras hacer eternas horas de cola ante la capilla ardiente de Pinochet, aprovechó sus 10 segundos ante el féretro para escupirle la memoria de los desaparecidos, o este señor periodista en Bagdad, que hizo lo que cualquier divina haría ante el verbo de tamaño personaje.